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Pequeña bandeja pintada a mano con la técnica conocida como “tôle peinte” (chapa pintada), que se impone en Francia alrededor del año 1740. Desde el 1760 fue de producción masiva en Birmingham y otros lugares de Gran Bretaña. En su decoración sobre el clásico fondo negro se aprecian mariposas, flores y un ave fénix enfrentado a dos pájaros exóticos.

El ave fénix

El ave fénix de occidente vive y muere de muchas maneras en diferentes versiones y su ciclo de vida varía en cada historia. El pájaro homólogo de la legendaria China (1) y Japón (2), en cambio, nunca muere pues vive en la Tierra de los Inmortales.

El fénix ha sido relacionado con el sol. Es la maravillosa ave brillante que siempre se renueva como él, muriendo en un rojo fuego al final del día y renaciendo con un dorado oro a la mañana siguiente. El fénix es a su vez el símbolo triunfal del renacimiento y la renovación del espíritu humano. El proceso de su muerte y resurrección es el motivo central del mito, en cuya tradición existen dos versiones:

-El fénix muere en su nido repleto de plantas aromáticas, y de la descomposición de su cuerpo surge un gusano que luego será el nuevo fénix

-El fénix se quema en su nido de plantas aromáticas por la acción de los rayos del sol y de sus cenizas aparece el nuevo fénix.

El misterioso origen del ave fénix (también phoenix o phenix) puede verse en su propio nombre, una voz griega (Φονιξ, phoínix ) que significa “púrpura-rojo”, “carmesí”, “fecha”, “palmera datilera” y “Fenicia”. La palmera datilera se renueva continuamente y de Fenicia es “la tierra roja.” Las diferentes palabras sugieren que el ave se asocia con el rojo y el morado y que proviene del Oriente, tierra de la salida del sol.

Phoenix era el nombre que los escritores griegos le dieron al Bennu egipcio, símbolo de los dioses Osiris y Ra. El fénix sobre la piedra sagrada de Heliópolis es el brillo de la primera luz; es el ave-Sol que dice: “Puedo ver exactamente allende los lindes de las tinieblas, puedo contemplarlo todo exactamente allende las Aguas Prístinas” y “Yo soy el gran ave Bennu de Heliópolis, la que decide qué existe y qué no ha de existir”. La aparición de la luz y la vida se equipara con el reclamo del ave fénix, “el hálito de vida que surgió del cuello del ave Bennu, el hijo de Ra en quien Aton apareció en la nada, en la infinitud, en la oscuridad y en el sitio inexistente del tiempo original”

Mito de metamorfosis que reúne propiedades antitéticas, el ave fénix será usado por predicadores y poetas, ya que emulando lo que en sí misma representa, aparecerá y reaparecerá en los libros a través de los siglos.

(1) “phuong” (macho ) / “hoang” (hembra)

(2) Karura / Ho-Oo

El ave fénix en el arte

Mosaico del Sol

Christian Quarter, Jerusalem

Sepulcro: Christian Quarter, Jerusalem

El ave fénix en palabras

Heródoto (siglo V A. C.)

“Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene al Egipto cada quinientos años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos. Para trasladar el cadáver de su padre desde la Arabia al templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre; el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren”.

Publio Ovidio Nasón – Metamorfosis (siglo I A.C.)

… “el fénix, cuando ve que los quinientos años están a punto de cumplirse, hace su nido en las ramas de una palmera (in ramis tremulaeue cacumine palmae).”

San Clemente de Roma (siglo I)

“XXV. Consideremos la maravillosa señal que se ve en las regiones del oriente, esto es, en las partes de Arabia. Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años”.

Diógenes Laercio (siglo III)

…”pues de los animales unos son engendrados sin union de sexos, como los que viven en el fuego, el fénix Arabe, y los gusanillos de la putrefacción”…

San Ambrosio (siglo IV)

“¿Sólo los hombres no creemos en la resurrección? Pues bien, por referencias frecuentes y por la autoridad de las Sagradas Escrituras conocemos un ave que tiene fijado el tiempo de quinientos años de vida, y cuando entiende que está cerca su fin, lo que prevé gracias a un cierto presentimiento y apreciación naturales, se construye una caja de incienso, mirra y demás plantas aromáticas y una vez terminada su obra enseguida y en el momento oportuno entra en ella y muere. De los humores putrefactos nace un gusano que va creciendo poco a poco hasta tomar la figura y costumbres de la misma ave anterior… Por la resurrección de esta ave los indígenas saben que ha transcurrido un período de quinientos años. Esta ave resucita al cabo de quinientos años, nosotros al cabo de mil. Ella en este mundo, nosotros en la consumación de los siglos”.

Claudio Claudiano (siglo IV)

“El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna”.

“Venera el Fénix la ilustre ciudad de Titán muy conocida en Egipto por sus sacrificios expiatorios. El templo de esta ciudad descansa sobre cien columnas cortadas en las canteras del monte de Tebas”.

Eusebio de Cesárea (siglo IV)

“Vimos, además, otra ave extraña, maravillosa como jamás nadie había visto. Su tamaño era aproximadamente el doble del de un águila. Las plumas de sus alas eran de variados colores, el pecho de púrpura, sus patas de bermellón y por la nuca tenía un mechón de color de azafrán; su cabeza era semejante a la de los gallos domésticos. Miraba alrededor con su pupila verde poma; era ésta como un grano de granada. Tenía la voz más hermosa de todas. Parecía el rey de todas las aves; al menos así podía creerse, pues todas las aves a una seguían detrás de ella muy respetuosas. Ella avanzaba como un toro soberbio con paso rápido y majestuoso”.

Physiologus Griego (siglo XI)

” Pues el fénix asume la figura de Nuestro Señor, cuando, al bajar de los cielos, trajo consigo ambas alas llenas de olores agradables, las excelentes palabras celestiales, de modo que cuando extendemos las manos en plegaria, nos vemos llenos del agradable perfume de su misericordia”. Versión siríaca: “Cada fénix es único; vive para él solo, y no está comprometido por esponsales. Viaja a la tierra de Egipto cada quinientos años, y lo ve el sacerdote a mucha altura sobre el ara, mientras llega de Oriente. Y cuando llega trae bajo las alas canela perfumada y otras especies; recoge madera, la amontona sobre el ara, se tumba de espaldas sobre la leña ardiente, y resulta quemado del todo y convertido en cenizas. Y de las cenizas sale un gusano, que crece hasta convertirse en un pajarillo, y al que le salen alas; al tercer día recupera su aspecto físico íntegro, y se transforma en un fénix completo y perfecto, como lo era antes. Entonces se pone en camino y vuela hacia la India, donde vivía antes.”

Dante Alighieri – Divina Comedia / Infierno (siglo XIII-XIV)

“Así los grandes sabios aseguran /que muere el Fénix y después renace, /cuando a los cinco siglos ya se acerca: /no pace en vida cebada ni hierba, /sólo incienso, lágrimas y amomo, /y nardo y mirra son su último nido”.

Juan Ponce de León (siglo XVI).

“El fénix es un ave más bella que el pavo, pues éste tiene alas de oro y plata, pero aquél las tiene de jacinto y esmeralda, y va adornado con los colores de todas las piedras preciosas de gran valor. En la cabeza lleva una corona, y espuelas en los pies. Mora en la India, vive quinientos años y se nutre del aire gracias a los cedros del Líbano, sin comida ni bebida. Pero, después de quinientos años, llena sus alas de aromas agradables y, cuando el sacerdote comienza el sacrificio en Hellópolis, sale del nido y vuela hacia él”.

San Juan de la Cruz (siglo XVI)

…”que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor, tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, así como el ave fénix, que se quema y renace de nuevo.”

Baltasar Gracián – El Criticón (siglo XVII)

“¿Quién corteja a esta reina? Sola debe andarse como la fénix.”

Francisco Quevedo – La Fénix (siglo XVII) – Fragmento

Ave del yermo, que sola

haces la pájara vida,

a quien, una, libró Dios

de las malas compañías;

que ni habladores te cansan,

ni pesados te visitan,

ni entremetidos te hallan,

ni embestidores te atisban;

tú, a quien ha dado la aurora

una celda y una ermita,

y sólo saben tu nido

las coplas y las mentiras;

tú, linaje de ti propia,

descendiente de ti misma,

abreviado matrimonio,

marido y esposa en cifra,

mayorazgo del Oriente,

primogénita del día,

tálamo y túmulo junto,

en donde eres madre e hija;

tú, que engalanas y hartas,

bebiendo aljófar, las tripas,

y a puras perlas que sorbes,

tienes una sed muy rica;

avechucho de matices,

hecho de todas las Indias,

pues las plumas de tus alas

son las venas de sus minas;

tú, que vuelas con zafiros;

tú, que con rubíes picas,

guardajoyas de las llamas,

donde naciste tan linda;

tú, que a puras muertes vives

(los médicos te lo invidian),

donde en cuna y sepultura

el fuego te resucita;

parto de oloroso incendio,

hija de fértil ceniza,

descendiente de quemados,

nobleza que arroja chispas…

Helena Petrovna Blavatsky (siglo XIX)

“4º Él es la Ley de la Existencia y del Ser, el Bennu o Fénix, el Ave de la Resurrección en la Eternidad, en quien la Noche sigue al Día y el Día a la Noche – alusión a los ciclos periódicos de resurrección cósmica y de reencarnación humana…”

Hans Christian Andersen – El Ave Fénix (siglo XIX)

“En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto.

Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.

El pájaro vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan, su perfume unas violetas.

Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.

¡Ave Fénix! ¿No la conoces? ¿El ave del Paraíso, el cisne santo de la canción? Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg.

¡Ave Fénix! ¿No la conoces? Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.

¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.

En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!”.

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